#CoffeeShops más que bebidas, una #cultura

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Soy una de esas asiduas a los coffee-shops locales que algunos asumen que trabajo de forma independiente. Si tuviera una oficina, por qué traería mi laptop a un lugar que espera que pague una renta en forma de bebida caliente y cafeinada.

Pues si, tengo el hábito del café. Pero para mi, no es acerca de la bebida en sí. Es sobre la experiencia.

Comencé a tomar café en la universidad, como muchos lo hacen. Extensas sesiones nocturnas de estudio no tienen nada que ver con eso. (Todavía puedo tomar una taza de café con un shot de espresso y quedarme dormida a la hora). Mi motivación fue simple: yo quería  una excusa para pasar un rato en algún coffee-shop.

Durante algunas de las sesiones de estudio en grupo, descubrí los steamers -leche vaporizada con un shot de syrup saborizante- y sentí que ese era mi camino. Después de todo había algo para los no tomadores de café o té! Pero la leche caliente es más propicia para el sueño que para enfocarme en clásicas retóricas. Yo imploraba por algo mas.

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La respuesta vino durante un viaje de vacaciones de verano a Filadelfia. El grupo con el que pasaba mis vacaciones insistió en hacer al menos dos paradas en dos coffee-shops diariamente. Dunkin’ Donuts sería suficiente en un momento de desesperación, pero después de horas de voluntariado, los fanáticos del café entre nosotros ya anhelaban sentarse en Starbucks.

Después de varios días de esto, le pedí ayuda a un miembro del grupo. Me encantaba estar alli, pero queria algo para estar allí también, algo que me hiciera sentir parte del clud de fans del café. Basado en la recomendación de mi amigo, ordené un frappuccino caramelo.

De allí en adelante todo fue en bajada.

Con los días, pasé de estar meramente allí, del espresso aguanieve a macchiato caramelo. Llené el resto del semestre con tazas calientes de Folgers, cada una cubierta con media taza de crema saborizada y por lo menos dos cucharadas de azúcar. (Tienes que empezar en alguna parte).

Y, claro esta, muchas muchas visitas a coffee-shops.

La ciudad donde estudié aún no tiene un Starbucks, así que fui lanzada rápidamente al mundo de los coffee-shops independientes. Probé bebidas especiales dondequiera que podía, y regresaba donde mi “iniciación a las drogas” cada vez que estaba en una gran ciudad. Me gradué en la universidad, me familiarize con 5 de los campus: Mi universidad, la biblioteca, el estadium de fútbol, el centro de salud de estudiantes y -el mas importante?- el centro de estudiantes.

Allí es donde ellos guardan el café.

Mi droga preferida pronto se convirtió en parte de mi identidad. De los escritores se espera que se vuelquen a la cafeína como su combustible. Me sentía orgullosa de los aros de café en mi trabajo. Mis amigos me daban gift cards de Starbucks regularmente, y yo escribía regularmente en coffee-shops. Cuando construí la foto galería de las razones por las que un amigo debe mudarse a Tuscaloosa, mi coffee-shop favorito fue una pieza central.

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Con el paso de los años, mi fanatismo por el café crecía. En el período entre mi graduación y mi primer trabajo, un Starbucks cercano ofreció un curso de cata gratuito. Me “chupetee” el camino a un enorme conocimiento del café, incluyendo el entendimiento  de por qué los presumidos conocedores del café insisten en tomar el café negro. El café tostado en su punto óptimo debe ser balanceado y suave de sabor, no amargo, y por consiguiente no requiere crema o azúcar para enmascarar su sabor. Por un tiempo, me mantuve por ese principio, aun cuando prefería la viscosidad de una taza cremosa. (Desde entonces he sucumbido a mis preferencias, lamento por los presumidos.)

Me pasé los años después de mi bautizo del café moviéndome de ciudad en ciudad, persiguiendo sueños. Sin importar donde aterrizaba, encontraba un hogar en el coffee-shop mas cercano. Ellos se convirtieron en los lugares donde encontraba Baristas -cual cheerleaders- quienes me ofrecían apoyo y me escuchaban en los días mas difíciles. Esos fueron espacios seguros donde me podía sentar y llorar cuando no quería estar sola, por temor que la oscuridad me abrumara. Son lugares donde conocí nuevos amigos, simplemente porque nos veíamos allí diariamente. Los coffee-shops ofrecen una sensación de comunidad. Un lugar donde soy conocida. Un lugar donde estoy segura y nunca sola.

Oh! Y claro, allí esta el café. Pero si eso hubiera sido todo lo que quería, simplemente lo podría haber hecho en casa.

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Carla Jean Whitley ya no prefiere Starbucks, but aprecia su lugar en la cultura americana del café. La encontraras frecuentemente leyendo y escribiendo en los coffee-sops de Alabama, donde tipicamente ordena café negro en un sutil intento de no invertir demasiado tiempo en su segunda bebida favorita. (La leche es la primera.) Sigue sus aventuras en Twitter, Facebook and Instagram.

Originalmente publicado en AL By Carla Jean Whitley

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